ODIO

Es imposible gustarle a todo el mundo. Y bastante probable que haya alguien a quien no gustemos, ni poco, ni mucho, ni nada.

Cuando experimentamos odio, es porque estamos teniendo pensamientos que nos provocan dicha emoción. Somos nosotros mismos los que sentimos el odio. Por cierto, es una emoción muy incómoda y desagradable. Y la sufre quien la siente.

Cuando alguien nos odia, nosotros no experimentamos el odio. Quizás experimentamos tristeza, o enfado, provocado por los pensamientos que tenemos, si es que la otra persona nos ha dicho abiertamente que nos odia, o algo similar. O simplemente porque pensamos que nos odia (aunque tal vez no lo haga).

Es posible que haya gente muy sensible que se vea afectada en ambientes tensos, y que diga que nota el odio, pero en realidad lo que percibe es nuestra reacción frente a lo que estamos pensando y sintiendo. Nadie puede sentir las emociones de otra persona.

No tiene ninguna ventaja elegir el odio. Quizás hayamos dicho alguna vez, algo así como que tal persona no se merece otra cosa por nuestra parte, más que odio. ¿No sería más bien que nosotros no nos lo merecemos? ¿Que no nos merecemos sufrir ese odio? ¡Porque probablemente esa persona ni se va a enterar! Nosotros somos los únicos perjudicados.

Si nos damos cuenta de que los demás pueden hacer lo que quieran, como adultos que son, incluso odiarnos, nos sentiremos liberados.

No querremos intentar controlar a los otros para que no nos odien, y seremos simplemente nosotros mismos. Dejaremos de intentar gustar, para ser auténticos. Y haremos lo que tengamos que hacer.

Los haters muchas veces son personas que se limitan a mirar y criticar, desde la grada, mientras los demás construyen y contribuyen.

#odio #ansiedad #emociones

UNA BOLSA FEA QUE ME ACOMPAÑA HOY

Algunas mañanas, cuando estamos todavía entre la sábanas, incluso antes de haber abierto los ojos, sentimos a nuestra querida amiga, la ansiedad.

Tal vez nos hayamos dicho:

Pero, ¿cómo es esto posible, si todavía no he tenido ningún pensamiento? ¡No me ha dado tiempo!

Sabemos que nuestros pensamientos causan nuestras emociones. Y con la ansiedad, también funciona igual, aunque no lo parezca. No se trata de que nos sintamos culpables por generarla, sino de que nos hagamos responsables.

Cuando llevamos tanto tiempo practicándola, el mecanismo se activa sin que nos demos cuenta. Hemos desarrollado un hábito o patrón perfecto. La clave del éxito, es la práctica, lo sabemos todos. ¡Somos un campeones generando ansiedad!

Quizás fue algo que hicimos o dijimos ayer, que no está muy alineado con lo que somos. Puede que sea algo que no queremos hacer. Tal vez es un pensamiento que ha pasado por nuestro cerebro a modo de imagen y a la velocidad de la luz.

Podemos plantearnos nuestra ansiedad, como un sentido más, que nos avisa de que tenemos que prestar atención a algo, a modo de banderita roja. Si le damos la bienvenida, el resto de emociones irán surgiendo.

Tal vez, tenemos miedo al covid, y en vez de permitirnos sentirlo, lo estamos ocultando produciendo ansiedad, porque sabemos muy bien cómo fabricarla, y nos mantiene muy entretenidos lidiando con ella, evitándola o resistiéndola.

Y también podemos considerar nuestra ansiedad como una bolsa fea que elegimos llevar ese día con nosotros. Podemos continuar con nuestra rutina, no pasa nada. Todos tenemos algún complemento poco gracioso que a veces nos ponemos. La bolsa no forma parte de nosotros, sólo la llevamos.

Si nos ponemos a darle patadas a la bolsa, o pretendemos hacerla desaparecer, y nos enfadamos, al final estamos añadiendo una capa extra de sufrimiento innecesario a la incomodidad que ya nos supone ir todo el día cargándola. Suele empeorar las cosas.

Aunque exteriormente nuestras vidas, nuestras casas o nuestras familias parezcan muy diferentes, en el fondo nuestras experiencias son muy similares.

#ansiedad #emociones #covid